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François Lurton, visionario y dueño de tradiciones

July 7, 2010 por  

En 1992, emprendería François Lurton su odisea en América. Heredero de historias que se decantan en la copa, hijo de André Lurton, célebre vitivinicultor en tierras del cabernet sauvignon —Médoc— y de los Grands Cru de Burdeos, François, bien armado no sólo de sueños y ambiciones, sino también de conocimientos en vitivinicultura y administración —contador es—, zarpó de Francia para explorar, y acaso expugnar, nuevos terruños.

Encalló en Argentina, y luego de sucumbir en las orillas porteñas, su periplo apenas pica y se extiende. Pese a las diatribas de expertos que hubieron considerado poco probable el sano crecimiento de las vides en el Valle de Uco, Lurton, junto a su hermano Jacques, luego de manosear la quimera y de avistar el potencial vinícola de Mendoza, alzó, piedra a piedra, a partir de 1996, en Vista Flores, a 1100 metros de altitud y sobre un suelo que, como una alfombra, se cubre de grava y arena volcánica, su ya famosa finca Chacayes, donde operan Bodegas Lurton.

Con parras con menos de veinte años de madurez, Chacayes y Barrancas —segunda finca de Lurton emplazada en Maipú— gozan de su mejor momento. Apostó a la región y ganó. Su vinificación, sostenida por proveedores y pequeños viñateros que enarbolan banderas de mística y tradición, amén de la producción en sus 200 hectáreas cultivadas de las 250 que suman sus dos fincas, es hoy una de las más importantes en Argentina.

Lurton, junto a su denodado y sobresaliente equipo, en el que descuella el enólogo Luca Hodgkinson, se juró llevar a la mesa de tutilimundi vinos jóvenes, pero por eso no menos elegantes, que reflejen no sólo las bondades, potencial y sabores del suelo argentino, sino que también estrechen lazos con la ciencia y la técnica y con la ancestral tradición vinícola europea. Estrategia que, de alguna manera, se rejuvenece.

En las barricas de Lurton

Gracias a los climas y demás virtudes de los terroir de las fincas Chacayes y Barrancas, además de la alta tecnología y cuidado con los que estructuran sus vinos, las etiquetas de Bodegas Lurton son dignas representantes y embajadoras del Nuevo Mundo. Chacayes, de 80% malbec y 20 % cabernet sauvigon, por ejemplo, cuyo nombre es análogo al de la finca y al del pequeño chacal de los Andes, deviene tributo y reflejo de los climas templados de donde nace. Las uvas son, mano a mano, celosamente seleccionadas y, luego de la fermentación alcohólica y maloláctica, se cría durante 18 meses en barricas de roble francés. Piedra Negra, por su parte, adopta el nombre en virtud de la tierra negra del piedemonte andino. Su color rojo intenso, sus olores a vainilla y madera francesa traslucen la elegancia y finura del clásico malbec —vidueño emblema de Argentina. El Gran Lurton, asimismo, 85% cabernet sauvignon y 15%malbec, criado durante 14 meses en barricas de roble francés y americano, por sus taninos bien estructurados, por sus notas a frutas negras y a mentol y por su color rubí intenso se granjeó de una medalla de oro en una competencia internacional. Por último, pero no menos importantes, descuellan los vinos de la gama reserva. Compuesta por un Malbec Reserva, y tres vinos blancos: Chardonnay, Flor de Torrontés y el Pinot Gris, el más vendido de su rimero, a pesar de que su producción acaso llega al 1,3%. Goza de un gran furor báquico por su sequedad que se equilibra con su sabor afrutado y mineral. Sus destellos amarillos reverberan en la copa y deslumbran ojos, en tanto que sus notas de melón y jazmín despiertan narices. Equilibrado y largo en boca es todo una joya.

Francois Lurton vino de Francia y vinos trajo. Bañará las copas de todos aquellos apasionados y sibaritas que quieran compartir y brindar con él su experiencia. Santé.

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